Hace apenas un mes asumimos este gran desafío. Desde el primer día supe que Río Negro no podía esperar, que no podíamos darnos el lujo de perder ni un solo día de trabajo.
Durante años, muchos rincones de nuestro departamento fueron quedando de lado. Calles y caminos que se deterioraron, obras que no llegaron, maquinaria que se fue desgastando sin ser renovada. Esa realidad no se cambia de un día para el otro, pero sí podemos —y debemos— empezar cuanto antes.
En estos primeros 30 días pusimos manos a la obra: bacheo en la ciudad, recuperación de caminería rural donde más se necesita, coordinación con el gobierno nacional para que las obras avancen. Al mismo tiempo, estamos planificando la reconstrucción de nuestra flota de maquinaria, porque un equipo que no cuenta con las herramientas adecuadas no puede rendir al máximo.
Falta mucho, es verdad. Pero cada día de trabajo nos acerca un paso más a ese Río Negro que soñamos: un departamento que crece, que produce, que conecta a su gente y que cuida cada rincón por igual.
Confío en que, con responsabilidad, transparencia y trabajo en equipo, vamos a volver a brotar y reconstruiremos Río Negro. Y que cuando miremos atrás, podamos decir con orgullo que no perdimos ni un solo día en hacerlo posible.